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May 3, 2018

Meditar con Arte

¿Se puede utilizar una obra de arte cómo objeto de meditación?

Antes quizá convenga hacer un repaso sobre qué es la meditación.

La meditación es un entrenamiento que nos sirve para transformar nuestra percepción, con el fin de eliminar las causas del sufrimiento, y alcanzar la felicidad.

Desde ya, no todos tenemos la misma idea de felicidad, según las distintas religiones u orientaciones espirituales, la felicidad puede ser sinónimo de “llegar al cielo en la tierra”, de “alcanzar la iluminación”,  al reconocer la esencia de nuestro Ser, o mente natural, o alma, y actuar constantemente desde ese plano; para agnósticos o ateos, la felicidad puede ser tener una mente y cuerpo sano, gozar de salud, tener un círculo de amigos y/o familiares con quien compartir buenos momentos, y cierta solvencia económica.
O, como se diría en un test multiple-choice “una mezcla de todo lo anterior”.

Lo que nos convierte en practicantes de meditación es el reconocimiento de que constantemente nos distraemos del camino que lleva a nuestra idea de felicidad, y que por ellos debemos entrenar nuestra atención para permanecer atentos, y tener mayor capacidad de reconocer y no identificarse con pensamientos, emociones y actos habituales. Eso nos da la posibilidad de modificar nuestra percepción y conductas habituales, para elegir las que mayor salud proveen.

La meditación tiene como primer objetivo calmar los pensamientos, y aumentar el foco y la atención, pero no con un acto violento o forzado, ni consumiendo algo, sinó en total relajación y con nuestro propio cuerpo tal cual es. Buscamos estar calmos en nuestro interior, pero al mismo tiempo frescos como una lechuga, o sea, lo más natural posibles. Este proceso es muy resistido por nuestros pensamientos “normales”, por nuestro Ego, por nuestra cultura super acelerada, que pone énfasis en pensar más, buscar afuera, etc. Muchas personas creen que la meditación está en contra de los pensamientos, emociones, diversión, trabajo, pero eso no es así, lo que busca es ver las cosas tal cual son, desde una verdad más profunda, y que a su vez es más liberadora, que nuestra percepción distraída, saltando de acá para allá, depositando la esperanza en un futuro prometedor o pasado mejor.  La meditación justamente nos permite despertar para experimentar una lucidez y claridad mental inusitada, que deja al desnudo la base de nuestra mente, el estado primordial. No es casualidad que con semejante simpleza y reconocimiento, nuestro cuerpo empieza a sentir un gozo enorme, sinó porque se encuentra como en sintonía consigo mismo. Es como una guitarra afinada que produce placer escuchar. La meditación expresa la sabiduría que hay detrás de la naturaleza, y revela la falsa separación que tenemos con nuestro medio ambiente, con el “afuera” y con el “otro”. Es una experiencia a la que no se puede llegar leyendo, ni pensando en ella, sinó a través de la practica. Cada día aprendemos a afinarnos con ejercicios simples y luego, con la continuidad  podemos tocar jazz, rock o funk pero sin desafinar, y entendiendo que en la música, como en la vida, es necesario el silencio entre notas, para darle vida a la canción.

Volviendo a la meditación, existen diversos caminos y técnicas, algunas con visualizaciones, otras con mantras, con respiración, etc.  Las practicas más populares tienden a calmar el movimiento conceptual interior, “calmar las aguas”, para reconocer directamente y con total claridad la naturaleza de nuestra mente (o consciencia o Ser), aquello que nos es más esencial. Se llaman técnicas contemplativas, porque la atención de nuestra mente se dirige a contemplar un “objeto conceptual”, para que la atención descanse en este objeto, y no se distraiga con pensamientos, como hace durante todo el día. Al observar cada inhalación y exhalación, con atención relajada, la fuerza de los pensamientos comienza lentamente a ceder y se producen momentos de silencio interior, un silencio inteligente, despierto.

¿Que pasa si en lugar de usar la respiración para calmar nuestra mente, usamos una obra de arte? Nos disponemos a observar la obra y no distraernos con pensamientos del pasado, o del futuro, o del presente, la idea tampoco es pensar “me gusta la obra, el uso del color, las lineas”, sinó mirar más allá de lo que pensamos y quizá lograr conectarnos con el mensaje emocional que el artista codifico en su obra. La invitación es a observar la obra y realmente detenernos en ella, descansar nuestra atención en la obra, lúcidamente, es decir, sabiendo y siendo conscientes de este estado, y no mirando como congelados en silencio. El ejercicio sin dudas revela nuestra mente habitual, el movimiento conceptual permanente, y si mantenemos la consigna de no distraernos, revela lentamente lo que nos llega del otro lado, la verdad de la obra, y no nuestro juicio sobre ella. Es como cuando uno escucha a una persona hablar, pero mientras tanto ya está desarrollando la respuesta interiormente, y sin saberlo dejó de escuchar al otro, cuando, luego de la charla, uno se da cuenta del mensaje más profundo que tenía para comunicar.

Sospecho que lo que pensamos sobre la obra nunca es lo que realmente significa. Pero al mismo tiempo, ni siquiera estamos atentos ni pensando en la obra. Siempre estamos en otro lado mentalmente. Le dimos tanto valor a los invisibles y efímeros pensamientos, que nos olvidamos de lo real. Creo que esto pasa mucho en las artes plásticas y en la música, estamos distraídos, como en otro lado, mientras estamos en contacto con la obra.

Percibir arte es entrar en contacto con algo profundo que nos quieren compartir, que tomó mucho tiempo y dedicación, años de destreza, y nosotros estamos a 200 km/h y ni lo sabemos, y nos perdemos de apreciar y vivir tantas cosas.

Jacobo Feldman en su “Manifiesto al Hombre” escribió “…hay que cerrar los ojos, tomar conciencia con los ojos interiores de aquellos lejanos lugares donde la piel da cuenta que comienza el aire. El tacto avisa sus contactos con la propia piel. Comprendido el dato se deja de sentirlo.”

Meditar es recorrer esa frontera donde el “concepto” marca el fin y el comienzo de la experiencia de “saber sin pensar”. El silencio es esa línea, ya que luego del “silencio de pensamientos”, comienza el “ruido de las experiencias directas”, y parece que entramos en otra dimensión sin movernos de nuestro sillón. Vive en nosotros en un viaje sin distancias y sin embargo parece tan lejano volver a recorrerlo. Tan fuerte es la corriente del concepto, ganó el terreno del hábito inmediato. Todo es pensado al instante. Es inefable. Pero nunca va a conquistar la experiencia directa del ahora, donde siempre estuvo y estará nuestra mente natural.

Tomamos como real el símbolo, la palabra, la línea, la nota, en lugar de conectarnos con la amplitud y riqueza de lo que evoca. Olvidamos cómo era estar en contacto con la riqueza inmensa de este ‘ahorita’, sin planear el futuro, ni el pasado, ni enroscarnos en una neurosis presente. Olvidamos el poder de la meditación para volver a estar en equilibrio lúcido, claro, despierto, atento a nuestra propia consciencia, sin tener un permanente pensamiento paralelo continuo, sinó estando íntegramente conectado a la vivencia que se presenta como instrumento para reconocer nuestra propia esencia espacial.

Parece que queremos estar constantemente de otra forma, en otro lado, suponiendo estar incompletos.

En medio de esta locura, lanzo al espacio digital un pequeño instrumento con la instrucción para frenar 1 minuto a contemplar una obra de arte, con el deseo de volver a aprender a contemplar y de apreciar una obra de arte.

Al mismo tiempo, creo que hacer arte puede ser una forma de meditación, si se hace en plena consciencia, y no en un sin fin de pensamiento paralelos al acto. Podemos tocar el piano, pintar, dibujar, pensando en las compras de la casa, y llamarlo arte, y podemos hacerlo en silencio interior y sentirlo arte.

Reconocerse a uno mismo desarrollando el arte en silencio interior, es cuando la practica del arte genera salud interior, porque uno está realmente conectado con la emoción que expresa, y es como si la liberara y plasmara mejor en el acto mismo. Uno termina la obra con una sensación distinta, de plenitud, a diferencia de cuando se hace mentalmente involucrado en otras distracciones.

El arte en el Dharma (las enseñanzas del Buda) según Trungpa Rinpoche:
“La motivación (en el arte) es contar la verdad, pero la única forma de contar la verdad es contando una mentira, cómo mentis, y la forma en que mentís es el arte. Crear una ilusión que cuenta la verdad.
[…] la expresión del arte dhármico no se refiere a la representación de símbolos e ideas budistas sino al arte que surge de un estado psicológico particular en la mente de un artista, un estado que podríamos llamar meditativo y que consiste en una actitud de relación directa con la propia creatividad, en la que el artista no está pendiente de sí mismo.
El mensaje consiste sencillamente en apreciar la naturaleza de las cosas como son y en expresar esa naturaleza sin caer en la lucha de los pensamientos y temores. Hay que abandonar tanto la agresión hacia uno mismo, que es sentirse obligado a impresionar, como la agresión hacia los demás, que es el deseo de engañar. En realidad lo más importante en el arte dhármico es descubrir la elegancia y eso es algo que, según la tradición budista, depende del estado mental.

Los invito a Meditar con Arte

Idea, redacción y producción: Ignacio Loizaga.
Obra de portada: Josefina Robirosa.