Loading
May 3, 2018

Meditar con Arte

Hay un problema en la comunicación del arte. Lo que pensamos sobre la obra nunca es lo que realmente significa. Pero al mismo tiempo, ni siquiera estamos atentos ni pensando en la obra. Siempre estamos en otro lado mentalmente. Le dimos tanto valor a los invisibles y efímeros pensamientos, que nos olvidamos de lo real. Creo que esto pasa mucho en las artes plásticas y en la música, estamos distraídos, como en otro lado, mientras estamos en contacto con la obra.

Percibir arte es entrar en contacto con algo profundo que nos quieren compartir, que tomó mucho tiempo y dedicación, años de destreza, y nosotros estamos a 200 km/h y ni lo sabemos, y nos perdemos de apreciar y vivir tantas cosas.

Jacobo Feldman en su “Manifiesto al Hombre” escribió “…hay que cerrar los ojos, tomar conciencia con los ojos interiores de aquellos lejanos lugares donde la piel da cuenta que comienza el aire. El tacto avisa sus contactos con la propia piel. Comprendido el dato se deja de sentirlo.”

Meditar es recorrer esa frontera donde el concepto marca el fin/comienzo de la experiencia. Y el silencio, la llave a otro continente. Vive en nosotros en un viaje sin distancias y sin embargo parece tan lejano volver a recorrerlo. El concepto ganó el terreno del hábito inmediato. Todo es pensado al instante. Es inefable. Pero nunca va a conquistar la experiencia.

Tomamos como real el símbolo, la palabra, la línea, la nota, en lugar de conectarnos con la amplitud y riqueza de lo que evoca. Olvidamos cómo era estar en contacto con la riqueza inmensa de este ‘ahorita’, sin planear el futuro, ni el pasado, ni enroscarnos en una neurosis presente. Olvidamos el poder de la meditación para volver a estar en equilibrio lúcido, claro, despierto, atento a nuestra propia consciencia, sin tener un permanente pensamiento paralelo continuo, sinó estando íntegramente conectado a la vivencia que se presenta como instrumento para reconocer nuestra propia esencia espacial.

Parece que queremos estar constantemente de otra forma, en otro lado, suponiendo estar incompletos.

En medio de esta locura, lanzo al espacio digital un pequeño instrumento con la instrucción para frenar 1 minuto a contemplar una obra de arte, con el deseo de volver a aprender a contemplar.

Hacer arte puede ser una forma de meditación, si se hace en plena consciencia, y no en un sin fin de pensamiento paralelos al acto. Podemos tocar la batería, pintar, dibujar, pensando en las compras de la casa, y llamarlo arte, y podemos hacerlo en silencio interior y llamarlo arte.

Reconocerse a uno mismo desarrollando el arte en silencio interior, es lo que llamo arte-meditativo, y es cuando la practica del arte genera salud interior, porque uno está realmente conectado con la emoción que expresa, y es como si la liberara y plasmara mejor en el acto mismo. Uno termina la obra con una sensación distinta, de plenitud, a diferencia de cuando se hace mentalmente involucrado en otras distracciones.

El arte en el Dharma (las enseñanzas del Buda) según Trungpa Rinpoche:
“La motivación (en el arte) es contar la verdad, pero la única forma de contar la verdad es contando una mentira, cómo mentis, y la forma en que mentís es el arte. Crear una ilusión que cuenta la verdad.
[…] la expresión del arte dhármico no se refiere a la representación de símbolos e ideas budistas sino al arte que surge de un estado psicológico particular en la mente de un artista, un estado que podríamos llamar meditativo y que consiste en una actitud de relación directa con la propia creatividad, en la que el artista no está pendiente de sí mismo.
El mensaje consiste sencillamente en apreciar la naturaleza de las cosas como son y en expresar esa naturaleza sin caer en la lucha de los pensamientos y temores. Hay que abandonar tanto la agresión hacia uno mismo, que es sentirse obligado a impresionar, como la agresión hacia los demás, que es el deseo de engañar. En realidad lo más importante en el arte dhármico es descubrir la elegancia y eso es algo que, según la tradición budista, depende del estado mental.

Los invito a Meditar con Arte

Idea, redacción y producción: Ignacio Loizaga.
Obra de portada: Josefina Robirosa.