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Sep 29, 2016

¿Cómo estás?

¿Cómo estás?

Por Alberto Lóizaga

La pregunta que nos hacemos al saludarnos tiene una respuesta secreta que no siempre damos. A veces estamos bien, pero a veces reconocemos una carga que nos hace sentir mal, ansiosos, depresivos, etc. La respuesta que nos damos a nosotros mismos es importante, depende de la referencia interna que nos da nuestro propio ser.

Si estamos alineados al Ser, gozamos nuestra vida, gozamos bienestar. Para alcanzar esta alineación tenemos que trabajar haciendo un proceso interno que solo depende de nosotros mismos y de la relación que tenemos con nuestros pensamientos, emociones y cuerpo físico. A veces el proceso ocurre naturalmente, pero a veces pasamos por un malestar. ¿Cómo estás? Si la respuesta es un malestar, lo queremos cambiar y por lo general buscamos afuera la solución, o en un futuro cuando consigamos x objetivo. Sin embargo ignoramos que la naturaleza es sabia para indicarnos el rumbo hacia recuperar esa alineación.

Meditar es crear el hábito de encontrar adentro, de forma natural, esa esencia innata que trasciende las apariencias y nos alinea a nuestro ser. En la meditación se reconoce el espacio del ser y se permanece sin distracción en ese espacio. Es una practica que aquieta las pensamientos para ver más allá del mundo simbólico. Los pensamientos son sonidos mentales que representan la realidad, pero que no son la realidad, son símbolos. Por los tanto no sos lo que pensás de vos mismo, sinó mucho más que un pensamiento. Sumado a esto, la mente está habituada a saltar muy rápido de un tema a otro. En este contexto, con tanto movimiento y veneración por lo simbólico, se hace difícil reconocer la base de nuestro ser. Por esta razón lo que la meditación busca en primera lugar es calmar la mente. Se utiliza un objeto neutro para enfocar la atención de la mente, como puede ser un mantra o la respiración, a través de varias técnicas la cantidad y fuerza de los pensamientos disminuye y da lugar a que reconozcamos el ser o nuestra esencia, y permanecer en ese estado con el fin de habituarnos al mismo. Como resultado, durante el resto del día los pensamientos pasan a tener menos fuerza y distraernos menos, mejoramos nuestra capacidad de atención y foco. Cuando uno encuentra esa conexión profunda con sí mismo puede pasar momentos de malestar que dependen de hecho circunstanciales pero siempre encuentra su ser como referencia para elegir cómo responder. La salud surge de reconocer y trascender nuestros miedos y conflictos, no de rechazar o querer eliminarlos. La salud es buscar paz en vez del conflicto, perdón en vez del juicio, y la capacidad de crear amor en vez de tener miedo. Debajo de todos los estados siempre está la base de nuestro Ser.

La salud es la capacidad plena de gozar la vida.

Para gozar la vida tenemos que comenzar a estar bien con nosotros mismos. El “estar” depende de lo que pensamos y hacemos en nuestras vidas para estar satisfechos, valorarnos y amarnos. Crear estas experiencias no es fácil en el mundo actual donde permanentemente tenemos distracciones e influencias del afuera. Para esto necesitamos trabajar para cuidar nuestra mente, así como también trabajamos o ejercitamos nuestro cuerpo. Nos peinamos, bañamos, lavamos los dientes, maquillamos, preocupamos por la ropa, por la belleza. A la lista de actividades que se ocupan de lo exterior tenemos que sumar actividades que se ocupan de la capacidad interior de sentir amor incondicional, solo así podemos crear un bienestar integral del ser humano. Es necesario expandir la consciencia humana para que no sea únicamente superficial, que solo piensa, evalúa y enjuicia; sino que también pueda perdonar, crear un efecto positivo y que tenga la capacidad de vivir el aquí y ahora con plena presencia. Esto se puede lograr trabajando con el cuerpo, con el yoga, bailando, riendo, y a su vez reconociendo el espacio propio del ser a través de la meditación. En la Fundación Columbia insistimos que el ser humano puede llegar a ser feliz más allá de las condiciones que lo rodean en el mundo exterior, más allá del cuerpo y las enfermedades. Sentimos que la salud comienza con un sentimiento de paz interior y que para sanarse hay que perder los miedos. Podemos ayudarnos y ayudar a otros cuando estamos conectados con nuestra propia presencia, y tenemos una capacidad de respuesta más armónica a las circunstancias exteriores que nos pueden afectar negativamente.

El bienestar y la salud van juntos, de la mano. Cuando uno tiene resentimientos, juicios, malos pensamientos, se crea una distracción en nuestro cuerpo que genera malestar. Hay una homeostasis (regulación automática del cuerpo), que recibe la energía continua que aportamos de nuestro estado emocional y pensamientos. Para mantenernos saludables tiene que haber bienestar en todos los campos. Si vivimos solo en los pensamientos y en la mente superficial nos volvemos solo reactivos, reaccionamos siendo víctimas de un mundo hostil. Nuestro ego utiliza los pensamientos para encontrar una razón por la cual no estar feliz, sin embargo podemos estar en paz, disfrutar la vida y ser felices sin tener razón. Podemos estar en paz con las cosas que no nos gustan de nosotros mismos para luego lentamente comenzar a modificarlas. Cuando uno encuentra una fuente de amor, no surge de la razón, surge del corazón. Llegar a vivir y escuchar con el corazón es la llave para crear salud. El amor es la energía que más sana y más abre las puertas para el prójimo y para uno mismo. Tengamos confianza y fe en nosotros mismos y en la naturaleza que nos asiste.

Tenemos que aprender cómo responder a los hechos que nos enferman. Cerrarse enferma. Abrir sana. Recibir la energía que cada día nos despierta es agradecer estar vivos. Poder confiar, aceptar y soltar los miedos de aquello que nos crea resentimiento es vivir agradecidos. Sentir la capacidad para dar gracias crea bienestar. Dar y recibir es lo mismo. Ayudar al prójimo es también ayudarse a uno mismo. Crear estas condiciones en esta vida es conocerse a si mismo. Para conocerse a sí mismo hay que recibir ayuda, aceptar que todo solos no podemos. Solo con la mente vivimos demente, en el pasado o en el futuro. Aprender a salir de la mente pensante que vive con cargas del pasado o con ansiedad del futuro, y disfrutar, gozar nuestra presencia en el presente, es la clave del bienestar y de la salud.


Nota para Revista Salud Alternativa http://www.revistasaludalternativa.com/

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